Algunos sueños no tienen que ver con la ambición personal. Son sobre las personas que amamos y hasta dónde somos capaces de llegar para protegerlas. Para Arlene y Claudia, el programa Dreamweaver no solo cumplió un deseo. Les dio el poder de estar presentes para sus familias en los momentos que más importaban.
El sueño de Arlene
Cuando a la hermana de Arlene le diagnosticaron cáncer de mama, la distancia se volvió insoportable. Viviendo en Australia con las fronteras cerradas, no había manera de tomar un vuelo, de sentarse a su lado, de tomarle la mano durante el tratamiento. Lo que Arlene sí podía hacer era asegurarse de que su hermana no cargara sola con el peso económico.
"Lo mejor que pudimos hacer fue ayudarla, enviarle dinero para que pudiera cubrir sus gastos médicos."
Cuando se enteró de que había sido seleccionada, la noticia conmovió a toda su familia. En un momento en el que se sentían impotentes ante circunstancias que escapaban a su control, One Park Financial les dio algo que ninguna distancia podía arrebatarles: la capacidad de actuar.
El sueño de Claudia
La historia de Claudia tenía un peso distinto. Su padre había quedado con una deuda tras el incendio que casi consume su edificio, y ella lo había estado ayudando a cubrirla en silencio, poco a poco, como se hace cuando se quiere a alguien y no se necesita reconocimiento por ello. Cuando se enteró del programa Dreamweaver, decidió compartir su historia, y esa decisión lo cambió todo.
"Me hizo sentir agradecida de que decidieran ayudarme a mí y a mi papá."
Para Claudia, lejos de Venezuela y construyendo una vida sin su familia cerca, ser parte de los Grovies ha llenado un espacio que fácilmente podría haberse sentido muy vacío. Cada día que llega al trabajo, se encuentra rodeada de personas que avanzan en la misma dirección, que celebran los sueños de los demás y que creen que siempre vale la pena contar tu historia.
Ambas mujeres llegaron al programa Dreamweaver por amor. Y ambas lo dejaron sabiendo que la empresa para la que trabajan no las ve solo como empleadas, sino como personas con vidas reales, familias reales y sueños reales que merecen ser defendidos.