Todo comenzó con una película. De las que se quedan contigo mucho después de que los créditos terminan, que hacen que una ciudad se sienta menos como un lugar en el mapa y más como un sitio al que estás destinado a ir. Para Shay, París era ese lugar. Y el francés era el idioma del que se había estado enamorando en silencio durante tres años, estudiándolo con la esperanza de que algún día pudiera usarlo donde nació.
Pero la vida tenía otras exigencias. Shay ayuda a su familia con facturas y gastos, y viajar internacionalmente se sentía como un lujo que no podía justificar, sin importar cuánto el sueño tirara de ella. Así que lo presentó.
"Entre todos los sueños, eligieron el mío. No podía creerlo. Se siente irreal. Siento que todavía estoy soñando."
El programa Dreamweaver hizo posible que Shay hiciera algo que nunca se había permitido imaginar del todo: un curso de inmersión en francés de tres semanas en París, no solo un viaje, sino una experiencia que tomaría todo lo que había estado construyendo en el aula y lo traería a la vida en las calles de una ciudad que había amado desde la distancia durante años.
Para Shay, esto nunca fue solo sobre viajar. Fue sobre convertirse. Sobre demostrarse a sí misma que las cosas por las que trabaja, el idioma, la disciplina, el sueño, valen cada gramo del esfuerzo.
One Park Financial no solo la envió a París. Le dijo que su sueño valía la pena ser elegido.